RedAGE - Uruguay

Red de Apoyo a la Gestión Educativa- Uruguay

Encuentro Mundial de Universidades encomendadas a la Compañía de Jesús

 

La Universidad fuente de vida reconciliada

 

A través del compromiso universitario la Compañía está comprometida a

contribuir a hacer verdad histórica la palabra de Jesús: …he venido para que

tengan vida y la tengan en plenitud (Jn 10,10). La reconciliación es posible

cuando hay vida. La vida produce la reconciliación que a su vez la hace vida

plena. Reconciliarse es una forma de volver a la vida y de hacerla crecer

hacia su plenitud. La plenitud de la vida es el amor capaz de entregar la

propia vida para que todos tengan vida. El creciente compromiso de la

Compañía de Jesús en el quehacer universitario adquiere su sentido en el

deseo de contribuir efectivamente a hacer posible una vida digna, plena,

para todos y cada uno de los seres humanos, en el presente y en el futuro.

Vivir en plenitud significa zambullirse en la variedad de pieles y culturas

que forman la humanidad. Supone zambullirse en la complejidad de los

procesos históricos y sociales en marcha en este momento de la historia.

Procesos de cambio profundos, complejos, con ritmos tan distintos que

llegan a llenarnos de incertidumbre frente a un futuro cada vez más difícil de

imaginar… Una universidad como la que queremos, fuente de vida,

comprometida a fondo en los procesos de reconciliación, experimenta en su

propia existencia cotidiana las tensiones propias de la complejidad social y

cultural en la que se inserta con todo su ser. La universidad vive también la

incertidumbre de la historia en la que actúa, experimenta en su propio ser la

fragilidad de la vida porque, además, ella misma se siente y se sabe frágil.

Agradezco de corazón esta oportunidad de encontrarnos en un lugar de

tanto significado para quienes queremos encarnar en nuestro tiempo la

profunda experiencia humana y espiritual de Ignacio de Loyola y los

primeros compañeros, fundadores de la Compañía de Jesús, inspiradores de

este camino en el que también nosotros hemos decidido avanzar.

Agradecimiento muy especial a quienes han preparado con esmero este

encuentro. Al P. Michael Garanzini y sus equipos de trabajo; a las

comisiones (task forces) que han venido reflexionando, y haciendo

reflexionar, sobre temas cruciales de nuestro apostolado universitario.

Gracias a la Universidad de Deusto por acogernos en este Encuentro y al

Santuario de Loyola por reservarnos este maravilloso día.

A dónde venimos y a qué

Como Universidades bajo la responsabilidad de la Compañía de Jesús

venimos construyendo desde hace mucho tiempo este espacio donde nos

encontramos. Deusto y Loyola son lugares físicos en los que nos podemos

encontrar porque responden a la vocación universitaria, es decir, universal,

1

de la Compañía de Jesús, como lo fueron la Universidad Iberoamericana de México en el 2010 y la Universidad Católica Australiana en Melbourne en el 2015. Los lugares físicos permiten crear el lugar espiritual en el que nos encontramos como educadores, colaboradores desde la universidad en la misión de humanizar la historia.

Vinimos, por tanto, a este lugar físico, La Universidad de Deusto y el Santuario de Loyola, porque es también el lugar espiritual dónde sentimos que podemos crecer en la dimensión universal de la contribución de las universidades inspiradas en el carisma ignaciano al mejoramiento de la humanidad a través de la reconciliación y la justicia.

Vinimos, por tanto, a fortalecernos como cuerpo apostólico universal inspirado en el carisma ignaciano, unido por una fecunda tradición intelectual humanista, enraizada en la fe cristiana. Vinimos a compartir la mirada sobre el mundo y la historia que encontramos en el Evangelio y los Ejercicios Espirituales. Mirar al mundo y la historia desde el amor con el que lo hace el Dios Uno y Trino significa conmoverse por el grito de los millones de seres humanos que migran buscando mejores condiciones de vida, de las víctimas de la violencia, de los empobrecidos que claman por justicia, de quienes son despreciados por el color de su piel o la religión que profesan, de quienes ven negados sus derechos a participar democráticamente en la vida pública, porque el poder político es acaparado por personas al servicio de intereses particulares, indiferentes al Bien Común y al cuidado del medio ambiente.

Adoptar esta mirada representa un considerable desafío epistemológico para nuestro quehacer científico que busca penetrar la realidad, descubrir las raíces de la injusticia y contribuir a proponer alternativas de transformación económica y social. Una mirada que se convierte también en desafío pedagógico para nuestra docencia de manera que seamos capaces de trasmitir la vida que de ella proviene. Desde este modo de ver, de ubicarnos ante la realidad, encarnamos la opción preferencial por los pobres por la cual la universidad se convierte en un proyecto de transformación social para generar vida plena.

Este desafío cobra nuevas dimensiones cuando los pensamos como transformación global. El compromiso con la transformación del mundo actual tiene dimensiones locales, regionales y globales. Son procesos complejos e interdependientes. Vinimos, por tanto, para encontrar la manera de, juntos, ir más allá de cuanto logramos normalmente alcanzar en nuestras sociedades locales, para incidir lo mejor posible en los niveles regionales y globales de nuestro mundo.

La universidad concebida como proyecto de transformación social es una universidad que se mueve hacia los márgenes de la historia humana en los que encuentra a quienes son descartados por las estructuras y poderes dominantes. Es una universidad que abre sus puertas y ventanas a los

2

márgenes de la sociedad. Con ellos y ellas viene un nuevo aliento vital que hace de los esfuerzos de transformación social fuente de vida y plenitud.

Una vida justa y en paz

La Congregación General 36ª de la Compañía de Jesús es una invitación a enfocar la misión de las universidades desde la perspectiva de compañeros en una misión de reconciliación y de justicia.

Nuestras obras educativas, a todos los niveles, y nuestros centros de comunicación e investigación social, tienen que ser una ayuda para la formación de hombres y mujeres comprometidos con la reconciliación, que sean capaces de superar los obstáculos que a ella se oponen y proponer soluciones. El apostolado intelectual debe ser fortalecido para ayudar a transformar nuestras culturas y nuestras sociedades.1

La reconciliación es un mensaje de esperanza basado en la convicción profunda de cómo Dios –Uno y Trino- actúa en la historia. El Padre está reconciliando todas las cosas por medio de la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Cristo. Nos ha regalado su Espíritu para hacernos colaboradores de esta obra de reconciliación, misión encomendada a la comunidad de los seguidores de Jesús, la Iglesia. La Compañía de Jesús nace y tiene sentido como colaboradora de la misión reconciliadora que pasa por contribuir a la justicia social.

La vida cotidiana de quienes participamos en la misión de la Compañía de Jesús a lo largo y ancho del mundo permite constatar cuán lejos está la realidad de nuestro mundo de ofrecer las condiciones para una vida humana en paz, como es el ideal profundamente deseado de personas y pueblos. En pleno cambio de época histórica asistimos al escándalo de la creciente desigualdad que genera violencia, migraciones forzadas, discriminación racial, pobreza indeseada, autoritarismos y populismos portadores de falsas ofertas de redención social… Con tristeza observamos la imposibilidad de detener el deterioro del medio ambiente por la falta de atención responsable al cuidado de la Casa Común. Nosotros y nuestras instituciones tenemos una asignatura pendiente en esta carrera por hacernos cargo responsablemente de la reconciliación con el medio ambiente.

En medio de la preocupación por el debilitamiento de la conciencia ciudadana, de los regímenes políticos democráticos y de los mecanismos de toma de decisiones públicas, se nos pone delante el enorme desafío de incorporarnos lúcidamente en la nueva cultura digital que va cambiando rápidamente los modos de pensar y de relacionarse entre los seres humanos.

No es sólo una revolución tecnológica sino la creación de un nuevo mundo en el cual habitamos. El eco-sistema digital es el comienzo de un profundo

1 CG 36, D. 1, n. 34. 3

cambio del paradigma cultural humano. Un reto a la creatividad de la tradición educativa de la Compañía de Jesús, llamada a hacer presente en este nuevo mundo la buena noticia de la humanidad reconciliada en Jesús por su vida entregada por amor.

La Universidad como institución humana, y el apostolado universitario de la Compañía de Jesús, han sabido enfrentar creativamente épocas históricas difíciles y complejas en y por fidelidad a su carisma, a su razón de ser. La Universidad es una comunidad de intereses espirituales empeñada en la búsqueda de la verdad. La Universidad, se reconoce en la búsqueda de la verdad porque está convencida de la posibilidad del ser humano de acceder a ella. La Universidad está siempre abierta a reconocer críticamente la provisionalidad del conocimiento por el que pretende formular la verdad y a continuar la incesante tarea de hallarla.

La Universidad Católica está íntimamente comprometida con la búsqueda de la verdad. Como lo recordó el Papa Benedicto XVI en La Habana2: Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.

La Compañía de Jesús ha encontrado en la Universidad un espacio formidable para poner en práctica la misión recibida de, inspirada en el evangelio, promover con tesón la justicia social y la sustentabilidad ecológica a través del diálogo con las culturas y las religiones. La Universidad fomenta procesos de creación de conocimiento y acompaña procesos de formación humana en los que, junto a los conocimientos, trasmite el sentido de la vida reconciliada y en paz.

Vivimos una época marcada por la tensión entre el secularismo y los fundamentalismos religiosos e ideológicos en los que la presencia católica en la universidad adquiere un nuevo sentido. La universidad es ese espacio plural en el que se crean las condiciones para el diálogo y la comprensión en profundidad de los procesos históricos, personales e intelectuales. Es un espacio privilegiado para el ejercicio de la libertad humana. Libertad para buscar y hallar a través de la investigación y la docencia los caminos de la transformación social. Es un espacio en el que el mensaje de liberación de la Buena Noticia del evangelio puede contribuir a encontrar mejores caminos para generar vida en medio de las dificultades e incertidumbre, que parecen agobiar la cotidianidad de la mayoría de los hombres y mujeres, abriendo espacio a la esperanza.

Apostolado intelectual es ir encuentro de la Sabiduría

Para las instituciones universitarias animadas por la Compañía de Jesús no basta alcanzar la profundidad intelectual que permite crear conocimiento

2 Eucaristía del 28 de marzo de 2012 4

y trasmitirlo como elemento de la formación humana integral. El verdadero desafío es que sea apostolado, es decir, un modo de anunciar más efectivamente la Buena Noticia del Evangelio, de aprender a captar la presencia de Dios en el mundo y la acción de su Espíritu en la historia para sumarse a ella y contribuir a la liberación humana.

A través del apostolado intelectual nos asociamos a la obra creadora del Señor, palabra por la cual fueron hechas todas las cosas3. Una Universidad bajo la responsabilidad de la Compañía de Jesús está llamada, por tanto, a crear. Capacidad creativa que se demuestra sobre todo en su capacidad de adelantarse a su tiempo, de estar varios pasos delante del momento presente. Una universidad capaz de ver más allá del presente porque cultiva y se nutre de una memoria histórica inspirativa e iluminadora.

La Universidad es un espacio privilegiado para desarrollar la dimensión intelectual presente en toda acción apostólica emprendida por la Compañía de Jesús. Sabemos que la profundidad intelectual no surge espontáneamente ni basta poner el rótulo de universidad o centro de investigación para alcanzarla. La labor intelectual requiere esfuerzo y dedicación que supone tiempos de aridez que retan la voluntad de quien se dedica a ella. Requiere sensibilidad a las situaciones de las personas y los pueblos. Necesita mirar más allá de sus muros para acompañar los procesos complejos de la historia humana.

Más aún, no basta alcanzar la profundidad intelectual sino que ésta encuentre sentido, más allá de sí misma, como contribución a mejorar el mundo. El trabajo intelectual es apostolado cuando se realiza a la intemperie, no encerrado en un gabinete ni seguro de sus propias certezas. Cuando es capaz de dialogar con otras disciplinas, enriquecerse de otras perspectivas y diversas visiones del mundo, la ciencia y la cultura. Cuando no se encierra en su supuesta verdad. Cuando se vive como misión recibida, como envío a contribuir a la liberación del mundo. Por tanto, se realiza como servicio que no busca el reconocimiento ni la gloria de las personas o las instituciones, sino la mayor gloria de Dios.

De este modo se va al encuentro de la Sabiduría como la definió el P. Adolfo Nicolás: …“un conocimiento superior, abarcante, profundo y transformador”. No sólo, por tanto, un conocimiento científico: un saber sobre algo, sino un conocimiento que lleva a la persona a situarse en actitud de búsqueda permanente ante los grandes interrogantes y, más aún, que lleva a la persona a la empatía, a la compasión ante cualquier ser humano y a una actitud de respeto a la naturaleza como don y, más todavía, al principio ignaciano de buscar y hallar a Dios en todas las cosas.4

La Sabiduría existe encarnada en personas sabias que la hacen presente entre nosotros. La sabiduría no es un cúmulo de conocimientos que se

3 Jn 1,1-4

4 Universidad de Deusto, Lectio Inauguralis, 9 de septiembre de 2011 5

alojan en el cerebro de una persona o en libros, memorias virtuales, bibliotecas o mega servidores. La sabiduría es un atributo que se le reconoce a aquellas personas que alcanzan ese grado de madurez humana, afectiva e intelectual que convierte el encuentro con ellas en ocasión de ver más allá de lo ordinariamente estamos habituados a ver en lo que nos rodea y al interior de nosotros mismos. Ser una persona sabia es, entonces, cuestión de amor, de salir al encuentro de esa sabiduría que quiere ser encontrada en la historia y en la creación.

El apostolado intelectual nos dirige hacia la sabiduría que supone el discernimiento por el cual nos hacemos capaces de percibir por dónde pasa Dios en este momento de la situación mundial, global y local para escoger lo que más conviene a la gloria de Dios que no es otra cosa que a la vida humana plena. Esta reflexión nos pone ante la insoslayable pregunta de si la Universidad crea y mantiene los espacios para el discernimiento convertido en una forma ordinaria de tomar decisiones.

La universidad que forma para la ciudadanía universal

La ciudadanía es la dimensión por la que un ser humano se entiende como parte de una relación compleja con otros seres humanos que componen la comunidad humana. Es saberse parte integrante y participativa de la “ciudad” (de ahí “ciudadano”), de la “polis” (de ahí, “político”). La ciudadanía, por tanto, implica la identificación de uno con algo que es más grande que él mismo, que es más abarcador que sus propios intereses individuales, los cuales son siempre parciales y estrechos. La conciencia de ciudadanía abre ante la mirada de los individuos el ancho horizonte de la comunidad, de la sociedad, del medio ambiente. Los ubica en la perspectiva del bien común y de la responsabilidad personal por lo colectivo, por lo la res publica, lo que es de interes y en beneficio de toda la colectividad.

Por eso, la ciudadanía es aquella faceta de nuestra existencia humana a través de la cual el individuo se hace persona al reconocer a los otros como sus iguales en términos de dignidad y derechos, ya no como seres inferiores y despreciables, que hay que eliminar porque no merecen estar entre nosotros, tampoco como competidores o potenciales enemigos que hay que eliminar, porque son una amenaza. La conciencia ciudadana nos lleva a ver a los demás como personas que desde su diversidad, aportan a la vida en común de todos, como compañeros de camino, necesarios para que todos tengan una vida plena.

La globalización, característica del cambio de época, impulsa procesos ambiguos. Algunos estudiosos de este fenómeno distinguen globalización de mundialización5 para indicar la tendencia dominante del proceso. Se llama globalización a la tendencia a uniformar los comportamientos y las culturas humanas como consecuencia del cambio de época y provoca una

5 No en todos los idiomas se puede hacer esta distinción con claridad. 6

disminución de la diversidad cultural. Es la tendencia a crear un espacio global monocultural. Se pretende ir imponiendo en todas partes aquellas formas de organización económica e interacción sociopolítica que resultan, en última instancia, favorables al capital transnacionalizado, dominante en este esquema globalizador.

La mundialización sería la tendencia a reconocer la creatividad humana que se expresa en la diversidad cultural que constituye la principal riqueza del proceso de crecimiento exponencial del intercambio humano en todo el planeta. Desde este punto de vista se entiende la universalización como crecimiento de la interacción entre grupos humanos culturalmente diversos capaces de compartir una visión común de los intereses de toda la humanidad. Más allá de distinciones conceptuales o terminológicas, lo que interesa dejar claro aquí es la necesidad de discernir las tendencias y posibles resultados de las corrientes globalizadoras para promover aquellas que producen vida plena.

La globalización-mundialización ha multiplicado las corrientes migratorias a lo largo y ancho del mundo. Si la creciente movilidad humana es dominada por la tendencia uniformadora de las culturas la consecuencia sería una restricción paulatina del intercambio cultural que pondría a riesgo incluso la multiculturalidad. Sería un fenómeno semejante al impacto que tiene el deterioro del medio ambiente en la disminución de la biodiversidad en el planeta. En cambio, la tendencia mundializadora multiplicaría las oportunidades de espacios multiculturales y abriría muchas posibilidades a la interculturalidad. Daría, además, ocasión al aporte de la vivencia espiritual de las religiones como dimensiones de las culturas propiciando la superación de los fundamentalismos. En el 2008, la Congregación General de la Compañía de Jesús lo expresó de esta manera:

Vivimos en un mundo plurirreligioso y pluricultural. La erosión de las creencias tradicionales y la tendencia a homogeneizar las culturas han fortalecido formas distintas de fundamentalismos religiosos. Algunos usan cada vez más la fe en Dios para dividir pueblos y comunidades y para provocar polarizaciones y tensiones, que quiebran los fundamentos de nuestra vida social. Todos estos cambios nos invitan a ir a las fronteras de la cultura y la religión.6

Formar para la ciudadanía universal supone educar en el reconocimiento de la diversidad como dimensión constitutiva de la vida humana plena. Supone experimentar la diversidad cultural como oportunidad de enriquecimiento humano. Queremos formar un ser humano capaz de sentirse miembro de la humanidad porque se ha hecho consciente críticamente de su propia cultura (inculturación), es capaz de reconocer gozosamente la de otros seres humanos (multiculturalidad) y relacionarse con otros, enriqueciéndose de la variedad de la cual su propia cultura forma

6 CG 35. Decreto 3, n. 22 7

parte (interculturalidad). La universalidad vivida de esta manera puede convertirse en un impulso a la justicia social, la fraternidad y la paz.

Adquirir la ciudadanía universal sería uno de los frutos de estudiar o trabajar en una institución educativa de la Compañía de Jesús. Es una de las dimensiones constitutivas de la persona que nos proponemos proponer y acompañar durante su formación. Además, hace falta provocar las condiciones para escuchar la llamada al servicio público como compromiso personal. La vocación al compromiso directo en la política es una vocación de servicio a la reconciliación y la justicia tan necesaria como compleja. Abrir esta posibilidad en la vida de algunos es parte de nuestra tarea educativa. Acompañar la formación de quienes escogen servir en la política es una de las mayores contribuciones que podemos hacer al mejoramiento de las sociedades humanas en todas partes del mundo.

Nuestra identidad es nuestra contribución

Sentirse o declararse herederos de la rica tradición educativa de la Compañía de Jesús no es suficiente para serlo en situaciones tan cambiantes como en las que se desarrolla nuestra actividad universitaria en la actualidad. Vivir la tensión de la fidelidad creativa es una exigencia profunda del magis de la espiritualidad que nos alienta. La fidelidad no se expresa sólo en mantener los nombres de las instituciones o algunos símbolos que hagan referencia a la larga tradición histórica de la que queremos seguir formando parte. La auténtica fidelidad es la que se manifiesta a través de respuestas novedosas a los retos de los tiempos que corren. La fidelidad a la tradición de la que venimos significa responder creativamente a los signos de los tiempos desde la identidad que nos une con ella.

Con la tradición nos une la identidad de lo que hemos llamado el humanismo característico de educación ofrecida por la Compañía de Jesús. Educación humanista porque acompaña el proceso de cada persona cuidando su particularidad al mismo tiempo que la ayuda a salir de sí misma para hacerse cargo de la humanidad y abrirse a la trascendencia.

Desde nuestra identidad buscamos vincular la vida de las personas con la contribución a la construcción de un mundo más humano a través de la lucha por la justicia y la reconciliación entre las personas, los pueblos y el medio ambiente. Para ello se necesita la profundidad espiritual e intelectual capaz de mirar las personas en su espacio concreto, al mismo tiempo que se alegra de formar parte de la diversidad cultural del mundo y poder entablar con ella un diálogo enriquecedor. El humanismo de nuestra tradición es inculturado porque tiene raíces en cada sitio, dialogal porque se relaciona con otras culturas o tradiciones e intercultural porque ser enriquece del intercambio. Es un humanismo que entrelaza relaciones personales y locales con la complejidad del mundo a través del diálogo abierto de ideas, culturas y tradiciones religiosas.

8

Es por ello que ponemos la formación integral de cada persona y no sólo su capacitación para el desarrollo profesional al centro de nuestro trabajo universitario. Aspiramos que se nos reconozca por la calidad humana de nuestros egresados no porque son buenos para competir en un reñido mercado de trabajo. Hacemos lo posible por abrir nuevos caminos a la reconciliación humana en un momento de la historia en el que se cierran las posibilidades de vida para pueblos enteros. Queremos ser y formar lo que Jon Sobrino, S.I. llama pobres con Espíritu, personas que se despojan libremente de sí mismas y contribuyen a que la vida de todos sea más humanamente densa. Nos proponemos educar personas consistentes, responsables de sí mismos y también de los demás y de la tierra en la que habitamos.

Toda la comunidad universitaria está llamada a encarnar la identidad que garantiza la fidelidad creativa a la tradición educativa de la Compañía de Jesús. La Universidad es una comunidad educadora de la cual forman parte los investigadores, los profesores, los empleados, los obreros las autoridades, los estudiantes y los egresados. Cada persona y cada categoría de personas tienen responsabilidades distintas y complementarias en la vivencia y trasmisión de la identidad que mantiene la tensión entre fidelidad a la tradición y creatividad para responder a nuevas situaciones.

La identidad de las universidades bajo la responsabilidad de la Compañía de Jesús no está directamente relacionada con el número de jesuitas existentes en la comunidad universitaria sino con la capacidad de compartir el espíritu que las anima, el modo de proceder característico y la comunión en la misión compartida. Deseamos que sean muchos los jesuitas que se comprometan en la compleja tarea universitaria en todas sus dimensiones como compañeros de tantas otras personas llamadas a continuar en fidelidad creativa esta fecunda tradición educativa, pero sobre todo deseamos contar con muchos compañeros y compañeras con quienes llevar adelante, juntos, las responsabilidades universitarias.

Somos enviados al trabajo universitario como dimensión de la reconciliación de todas las cosas en Cristo. Las universidades encomendadas a la Compañía de Jesús pueden ser fuente de vida porque reciben el don de la vida de quien nos envía a darla después de haber entregado la suya. Hacernos conscientes del espíritu misionero del trabajo universitario, conservarlo y aumentarlo es fuente de fecundidad intelectual, pedagógica y del servicio propio de las universidades a la sociedad como dimensión del vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación (Mc 16,15).

Desde el magis inserto en nuestra identidad buscamos contribuir a hacer más desde la universidad y cumplir mejor su misión propia. Permítanme referirme a dos desafíos actuales del magis universitario de la Compañía de Jesús. El primero es superar los límites geográficos y sociales dentro de los que se mueven nuestras instituciones universitarias. Somos enviados a donde no es fácil llegar u otros evitan llegar. La educación universitaria 9

ofrecida por la Compañía de Jesús quiere estar abierta a todos y está llamada a hacer esfuerzos especiales para alcanzar a los marginados, empobrecidos, refugiados y desplazados por causa de las injustas relaciones sociales que dominan el mundo actual. La nueva época histórica del conocimiento ha puesto a nuestro alcance medios educativos que permiten alcanzar poblaciones geográficamente alejadas o socialmente marginadas. Hace pocos meses pude compartir la sonrisa de un grupo de jóvenes en el norte de Sri Lanka que recibieron sus títulos universitarios gracias al esfuerzo conjunto de la comunidad jesuita de la zona y el Jesuit Worldwide Learning. Estoy seguro que muchos de ustedes han tenido experiencias semejantes en campos de refugiados, en zonas rurales o en los barrios marginados de las grandes ciudades del mundo… Un signo de los tiempos que nos reta a poner en práctica una espiritualidad inspirada en el magis. ¿Cuánto más y mejor podemos hacer en esta dirección?

El segundo desafío nos lo ha puesto la Congregación General 36ª al invitarnos a promover una cultura de la salvaguarda de las personas vulnerables. Quizás sea el mandato más complejo que ha hecho la CG 36 al cuerpo apostólico de la Compañía de Jesús. Provocar el cambio cultural de la magnitud necesaria para crear un ambiente sano y seguro para todos y cada uno de los seres humanos es una tarea de largo plazo que exige un cuidadoso discernimiento y profunda reflexión sobre lo que mejor podemos hacer desde nuestro carisma y con nuestra capacidades para irlo logrando. Promover este cambio cultural es tocar las estructuras de injusticia de las actuales sociedades humanas con todos los riesgos que esto supone. Una cultura de la salvaguarda encarnaría de una forma singular el respeto a los Derechos Humanos. Las universidades son promotoras de cambios culturales. Este desafío abre una oportunidad para el trabajo concreto y a largo plazo en una importante dimensión de la reconciliación, la justicia y la vida plena. He pedido al Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de la Compañía de Jesús coordinar los esfuerzos de todo el cuerpo apostólico en esta dirección.

Juntos somos más fecundos

La misma CG 36ª nos orienta en los pasos a dar para mejorar la fecundidad de la universidad fuente de vida y reconciliación:

El discernimiento, la colaboración y el trabajo en red ofrecen tres importantes perspectivas en nuestro actual modo de proceder. Dado que la Compañía de Jesús es un “cuerpo internacional y multicultural” en un complejo “mundo fragmentado y dividido”, la atención a estas perspectivas ayuda a perfilar el gobierno, haciéndolo más flexible y apostólicamente más efectivo.7

Las universidades son una particular expresión de la internacionalidad y multiculturalidad del cuerpo apostólico de la Compañía y están en medio del

7 CG 36, Decreto 2,3 10

mundo fragmentado y dividido. A través del discernimiento las universidades se abren a la posibilidad de ponerse en contacto con la fuente de la vida que se proponen trasmitir y adquieren la libertad necesaria para seguir la corriente de vida que surge de su misma fuente. El discernimiento nos mantiene en contacto con los sueños de un mundo mejor hacia el que se orientan los esfuerzos de investigación, creación de conocimiento, docencia e incidencia social. El discernimiento orienta y da sentido a la planificación del mejor uso de los recursos disponibles para lograr los fines del quehacer universitario.

Una institución universitaria es posible sólo a través de la colaboración. Por eso insistimos en llamarla comunidad universitaria. También sabemos que es mucho lo que podemos hacer todavía para ampliar y profundizar la colaboración dentro de la propia universidad, entre las universidades y con tantas otras posibilidades que hoy se abren a ella.

La colaboración es concebida por las Congregaciones Generales de la Compañía de Jesús posteriores al Concilio Vaticano II como parte de la identidad del cuerpo apostólico universal. Nos sabemos mínima Compañía colaboradora en algo mucho más grande que nosotros y que no depende de nosotros. Como cuerpo apostólico universal tratamos de prestar la mejor colaboración posible a la misión de reconciliación y de justicia en la que somos compañeros de los miembros de la Iglesia y todas las personas de buena voluntad empeñadas en humanizar la historia y cuidar la Casa Común. En esa perspectiva, la universidad es colaboradora de la misión más amplia y compleja encomendada a la Compañía de Jesús y como tal se concibe a sí misma al servicio de la vida reconciliada.

La colaboración es también una característica fundamental del modo de proceder en la vida cotidiana de la universidad. Insistimos mucho en el necesidad del trabajo en equipo y propiciamos un liderazgo que lo promueva y sepa aprovechar para mejorar la eficiencia del uso de los recursos a disposición e incluso de multiplicarlos. Mucho camino tenemos por delante para encarnar más profundamente este modo de proceder en cada una de las universidades y mejorar sustantivamente la colaboración de las universidades entre sí y con otras instituciones, proyectos y grupos que lucha por los mismos objetivos.

Con los actuales medios a disposición la colaboración se multiplica y hace más eficiente a través del trabajo en redes. El trabajo en red presupone una cultura de la generosidad8, que supere las tendencias a cuidar y multiplicar los recursos para uso exclusivo de cada institución universitaria. La cultura de la generosidad está a la base de la fecundidad que logra más y mejores frutos de vida plena. Con estos criterios se forma el sujeto del apostolado universitario de la Compañía de Jesús.

8 CG 36, d.2,8 11

El presente Encuentro Mundial de Universidades encomendadas a la Compañía de Jesús, aquí en Loyola y Bilbao, quiere hacer historia en ese camino del discernimiento, la planificación apostólica, la colaboración y el trabajo en redes con la creación largamente preparada de la Asociación Internacional de Universidades Jesuitas (IAJU) mediante la cual nos abramos a una nueva época y un nuevo estilo de trabajo universitario fecundo. Con nuestra presencia aquí estamos confirmando nuestro deseo y voluntad de juntarnos para ser más fecundos. Deseos y voluntad que se convertirán en compromisos concretos para darle vida a nuevas formas de interrelación dentro y entre las instituciones universitarias.

Venimos de un largo camino lleno de logros en medio a no pocas dificultades. Un camino de siglos que promete prolongarse por mucho más tiempo. Para recorrer las nuevas etapas del camino, desconocidas como las anteriores, vemos la conveniencia de juntarnos, aprovechar mejor lo que somos y tenemos para convertirnos en fuente de vida plena y reconciliada.

Arturo Sosa, S.I.

 

Entrevista a la Profesora Carmen Yot

 

“Es un error pensar que los estudiantes dominan la tecnología”

 

“El principal mito que gira en torno a la tecnología es que nuestros estudiantes dominan la tecnología y es un error. Les estamos otorgando una competencia que realmente no tienen”, aseguró la Dra. Carmen Yot.

 

La docente de la Universidad de Sevilla e investigadora del proyecto Aprendizaje Ubicuo del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay –quien estuvo en Uruguay para dictar un taller de aprendizaje móvil–, detalló que se suele hablar de “nativos digitales” como sinónimo de individuos que utilizan correctamente la tecnología.

 

Sin embargo, para ella, habría que limitar el término para referirse a aquellos “nacidos en la era digital”. “Si en el aula no se les enseña a usar la tecnología para aprender, nuestros estudiantes no la van a utilizar”, sentenció.

 

 

Dr. Marcos Sarasola

ENTREVISTA A DECANO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS

UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL URUGUAY

 

 

1.       ¿Desde cuándo se encuentra al frente de la Facultad de Ciencias Humanas y cuáles identificaría como los principales desafíos de su rol como Decano?

Asumí el decanato a finales de agosto del año pasado, así que no llevo mucho tiempo en el cargo. Sin duda que este rol representa un desafío en sí mismo, pero en mi caso se agrega un cambio importante debido a que las facultades se están redefiniendo. Esto es que, desde noviembre del año pasado, los decanos haremos un trabajo mucho más cercano a los programas académicos, a sus coordinadores y profesores.

2.       ¿Cuáles definiría como los principales componentes de  gestión que son necesarios integrar en la conducción de una organización de nivel terciario?

Nuestra universidad ha ido mejorando mucho en investigación. Sin embargo, la docencia sigue siendo fundamental en la consecución de su misión. Así que el ejercicio del liderazgo pedagógico desarrollando prácticas que incidan en los aprendizajes, es esencial en la gestión. Sin perder de vista aquellos aspectos administrativos que hacen al funcionamiento y facilitan los procesos internos, cuidar y atender al desarrollo de competencias docentes adecuadas al presente y mirando hacia el futuro, es uno de los componentes fundamentales del trabajo.

3.       ¿Qué estrategias destaca como clave a la hora de promover trabajo colaborativo y la consolidación de redes de apoyo?

Pensar en una universidad aislada y en profesores trabajando en solitario, no responde a las necesidades de la sociedad ni al espíritu que anima nuestra universidad. Sin embargo, es un proceso de construcción cultural que en ocasiones supone un arduo trabajo para modificar creencias instaladas. Así que es necesario promover experiencias exitosas de trabajo colaborativo, para que se modifiquen supuestos básicos arraigados en la forma de hacer de las personas. Si las reuniones son pocos efectivas, por ejemplo, se refuerza la creencia de que son una pérdida de tiempo y conviene hacer las cosas uno mismo.

4.       ¿Cómo definiría la experiencia que su universidad ha venido compartiendo con RedAGE  Uruguay?

Participar en RedAGE desde sus comienzos, ha implicado recorrer un camino de apertura y encuentro con otras instituciones. Relacionado con la pregunta anterior, uno de los aspectos más diferenciales de esta experiencia, es la de haber encontrado un espacio común de trabajo entre instituciones del ámbito público y de organizaciones de la sociedad civil. Esto puede no ser muy llamativo en otros países, pero en Uruguay es un hecho a resaltar que en el ámbito educativo hayamos podido accionar juntos.

 

5.       A nivel de esta red, ¿cuáles son los aspectos que destaca como consolidados y cuáles los que requerirían seguir siendo trabajados?

En los últimos años hemos trabajado en la consolidación de la Red incluyendo a nuevas instituciones. A las cuatro organizaciones originales, se han ido uniendo otras y esto ha sido un paso valiente y desafiante. Este crecimiento, todavía en marcha, irá permitiendo una presencia mayor en el país como aporte en red a la mejora educativa desde diferentes perspectivas.

6.       Desde su punto de vista, ¿qué estrategias deberían implementar las Organizaciones Miembro de RedAGE Uruguay para lograr mayor impacto a nivel local?

Trabajar en red es fantástico, abre oportunidades, nos permite aprender, despierta a la innovación, pero lleva trabajo. La constancia y la perseverancia que se han tenido hasta ahora, seguirán siendo claves para que en poco tiempo más se logren desarrollar acciones que den una mayor presencia de la Red en el país. En ocasiones la agenda de cada institución, que suele ser exigente, no permite un mayor desarrollo de la red. Sin dudas que no se trata de una intencionalidad oculta, sino de la propia naturaleza de procesos singulares de cada institución.

                                                                                Entrevista realizada por María Inés Vázquez (Abril  2018)

LA ESCUELA EN EL DISCURSO CRÍTICO DE LA SOSPECHA

AUTOR: JONI OCAÑO

(Joni Ramón Ocaño de la Fuente nació en Rivera, Uruguay. Es Maestro egresado de la ANEP, Licenciado en Ciencias de la Educación por la UCUDAL (Montevideo), Magister en Educación por la ORT (Montevideo) y actualmente cursa el doctorado en Educación y sociedad en la UNINI (México). Es autor de diversos trabajos que abordan problemas relacionados con la educación, entre los que se destaca Teorías de Educación y modernidad; integra el equipo editor de la revista tópos Para un debate de lo educativo. Actualmente es docente efectivo en el Centro Regional de Profesores (CERP) del Norte donde tiene a su cargo los cursos de Pedagogía y profesor de posgrado en la Facultad de Educación de la UDE (Montevideo) donde dicta el seminario Fundamentos de la Educación.)

Este libro, que apenas acaba de salir de imprenta, constituye un interesante análisis de la escuela a la luz de la filosofía crítica contemporánea.

El autor traza un itinerario que marca un recorrido por algunas de las formulaciones más típicas de lo que podríamos denominar la tradición anticapitalista del pensamiento crítico contemporáneo” y de las formas de entender la escuela desde cada una de ellas. En ese esquema ofrece una selección de lo que él considera las expresiones más pertinentes de la crítica inspirada en los llamados “maestros de la sospecha”: Marx, Freud y Nietzsche.

Estos pensadores, que inspiran las principales expresiones del pensamiento crítico contemporáneo según Ocaño, nos llevan a un nivel en el que, superando la sospecha sobre las cosas (que habíamos aprendido de Descartes), alcanza a aquello que aún se mantenía incuestionable: la conciencia. Ese es precisamente el leitmotiv del libro aquí reseñado. El autor reconoce que la conciencia “desde Descartes, Kant y Hegel es el elemento clave de interpretación del hombre y de toda subjetividad política moderna”, pero que en el marco filosófico inspirado en los citados maestros de la sospecha pierde su soberanía en el mundo.

Sin embargo, aunque la conciencia puede ser configurada o afectada externamente por distorsiones cuyo origen está en los eventos o experiencias con/en el mundo, ella es la clave del poder moderno y, consecuentemente, de la lucha por la emancipación. En la modernidad es precisamente la conciencia ilustrada un prerrequisito para la libertad y el gran motivo de la lucha a ser librada. Allí la escuela tiene mucho por decir y el autor revisa algunas expresiones de la pedagogía desde ese marco crítico en el que la educación se inscribe en la misma lucha política que adopta la forma de crítica ideológica.

Este es el primer escenario de los cuatro que define a modo de escalas en un viaje que comienza a finales del siglo XIX con el predominio de Marx en el pensamiento crítico y desde donde se concibe una escuela inequívocamente condicionada por las estructuras, pero con un inmenso potencial de contribuir a la transformación del hombre y de la sociedad.

El segundo escenario propuesto lo ubica en la década de los 40 del siglo XX con la irrupción del neomarxismo de la Escuela de Frankfurt en el que se incorporan las tesis freudianas y que, según el autor, supone ciertos desplazamientos conceptuales que indican un alejamiento de algunos conceptos centrales del marxismo clásico. El consabido “giro a la superestructura” en los análisis de la Teoría Crítica frankfurteana ha sido el punto de partida para otros desplazamientos conceptuales como el de la reconceptualización del papel histórico del proletariado, la revalorización del papel del intelectual y, principalmente, la sustitución del problema de la ideología por una especie de “equivalente funcional” que es el problema de la racionalización. Aunque no se abandona la noción de ideología ni la forma de entender su funcionamiento en las sociedades contemporáneas, se opera un desplazamiento en el que estas nociones parecen subordinarse a las cuestiones de racionalidad.

Adorno y Habermas son los elegidos por el autor para introducirnos en la comprensión de este pensamiento y de sus repercusiones en la educación. En ese nuevo marco filosófico la escuela es concebida aún como una esfera de posibilidades desde donde formar al ciudadano crítico. La lucha emancipadora parece tomar otros rumbos -ya que el énfasis parece puesto en la crítica de la racionalidad-, pero aún se mantiene en la esfera de la conciencia.

En el tercer escenario propuesto (ubicado en los años 60 y 70 de ese mismo siglo) el estructuralismo reproductivista se suma a la diversidad y enriquecimiento de la crítica. Desde esa perspectiva se genera una visión pesimista de las posibilidades de la acción escolar en la que ya no se puede concebir ninguna lucha con éxito desde allí. La ideología sigue siendo tema de análisis, especialmente en los aportes de Althusser, pero ya no se la concibe en el marco del humanismo crítico original. La eficacia del engaño ideológico, para esta perspectiva, ya no opera en el plano de la conciencia sino en el de las prácticas objetivas donde a menudo se contradice las determinaciones de aquélla.

Según el autor desde aquí es imposible la formulación de cualquier pedagogía. La escuela, que es abordada en términos de sus determinaciones estructurales, solo puede inscribirse en los procesos de reproducción de la estructura social atendiendo a las demandas del captalismo. Ofrece una introducción a las tesis de Althusser, Bowles y Gintis, Bourdieu y Passeron y Baudelot y Establet sobre estos asuntos.

El cuarto escenario lo define en los años 80 y 90, aún en el siglo XX, cuando el posestructuralismo, la crítica genealógica y el pensamiento posmoderno representan un alejamiento definitivo del marxismo. Si en las expresiones anteriores aún podíamos encontrar vestigios de Marx y Freud, aquí el único maestro de la sospecha sobreviviente en la crítica al sistema parece haber sido Nietzsche. En ese marco la escuela es arrinconada a la sórdida función de ser un espacio de encierro, de disciplinamiento y normalización. Ideología es un concepto que ya no resulta funcional a este esquema analítico y por lo tanto es abandonado y sustituido por el de poder.

Foucault y Deleuze son las figuras destacadas por Ocaño, aunque inmediatamente integra también lo que en su opinión son versiones neoconservadoras en los análisis de Derrida y Vattimo.

Por último, en ese mismo escenario, visualiza la irrupción de algunas expresiones de la crítica que denomina “la nueva crítica” en la que integra el posmarxismo de Laclau y los análisis de autores como Badiou, Žižek y Sloterdijk.

Si la escuela tiene mucho que decir en un escenario moderno de lucha ideológica, se pregunta el autor: “¿qué puede decir en escenarios en el que la “falsa conciencia ilustrada” -una “conciencia cínicamente lúcida” que es la expresión de una radical ironización de la ética y de las conveniencias sociales- echa por tierra toda esa tradición ilustrada moderna (incluidos los maestros de la sospecha)?

Estas nuevas expresiones, en general, al tiempo que articulan una sólida oposición al neoconservadurismo posmoderno, proponen un regreso a Marx y Lacan en el que se retoman ciertas nociones marxistas abandonadas por el pensamiento posmoderno. Se aventura a proponer que desde este nuevo enfoque crítico es posible la revalorización de la escuela en tanto bastión de la lucha por el significado, en oposición al relativismo semántico derivado de un supuesto escenario posideológico. La revalorización del espacio escolar como bastión del significado implica considerarlo capaz por eso de restaurar la emergencia de un nuevo sujeto político en el que conceptos como conciencia e ideología recobran un papel central.

    En resumen: el texto que el autor ofrece es, según sus palabras, “un ejercicio de análisis teórico de la educación escolar a la luz de las distintas teorías críticas seleccionadas, en definitiva un ejercicio de filosofía de la educación cuya virtud para el lector quizás sea la de ofrecer una introducción a estos asuntos y aportar elementos para la problematización de la educación hoy”.